Enfermedades olvidadas

Nacen de la pobreza e impiden el desarrollo de las comunidades afectadas

1.000 millones de personas en el mundo padecen enfermedades olvidadas que les condenan a un futuro de marginación y pobreza

Se trata de un grupo de enfermedades con unas características comunes: la mayoría tienen un tratamiento efectivo, pero se dan en contextos de pobreza extrema, por lo que las personas afectadas no tienen acceso a una atención sanitaria adecuada. Las discapacidades y el estigma acompañan también a estas enfermedades, con un gran coste humano y económico para la comunidad.

La Organización Mundial de la Salud habla de enfermedades tropicales desatendidas (ETDs) para referirse a un grupo de enfermedades infecciosas en su mayoría que proliferan en contextos de pobreza y especialmente en ambientes húmedos y calurosos. Aunque no es una lista cerrada, cuando hablamos de ETDs nos estamos refiriendo principalmente a las siguientes enfermedades: helmintiasis, filariasis linfática, oncocercosis, esquistosomiasis, dracunculiasis, sarna, dengue, rabia, pian, leishmaniasis, tripanosomiasis, tracoma, mal de Chagas, úlcera de Buruli y lepra.

Estas enfermedades olvidadas se concentran en zonas donde se dan unas condiciones de vida extrema; además del calor y la humedad, la falta de saneamiento y canalización de aguas residuales, aguas estancadas, falta de higiene, basuras acumuladas, poblaciones hacinadas, etc. Se dan tanto en contextos rurales como urbanos, principalmente suburbios o barrios marginales de las grandes ciudades, que acogen a miles de personas que emigran a la ciudad en busca de trabajo, y que no disponen de agua potable, electricidad o servicios básicos de salud o mecanismos para gestionar residuos.

Entre las personas afectadas, se encuentran principalmente las mujeres y los niños, más vulnerables ante la enfermedad debido a posibles estados carenciales de salud, déficits alimenticios, o una mayor exposición al contagio. Las consecuencias de las ETDs varían, pero en todas ellas, si no son tratadas a tiempo se dan una serie de factores que tienden a perpetuar la situación de pobreza y el riesgo de exclusión social. Entre estas consecuencias, las más importantes, discapacidades, ceguera, hemorragias severas, úlceras, lesiones crónicas o la muerte en muchos casos si las personas afectadas no reciben tratamiento a tiempo.

En la mayoría de los casos, existe tratamiento para curar o prevenir las enfermedades olvidadas y su coste es muy bajo, pero no se dan las circunstancias adecuadas para que las personas afectadas lo reciban a tiempo. Las razones son de toda índole, pero principalmente políticas y económicas. Políticamente, todavía hay gobiernos que por una cuestión de imagen o falta de interés no informan a la OMS de los casos reales, reduciendo las cifras y por tanto accediendo a menos medicación de la necesaria. Económicamente, principalmente las empresas farmacéuticas, no dedican fondos a la investigación para encontrar vacunas relacionadas con estas ETDs, no ceden patentes o no producen las dosis necesarias para los casos registrados.

Entre las personas afectadas, se encuentran principalmente las mujeres y los niños, más vulnerables ante la enfermedad debido a posibles estados carenciales de salud, déficits alimenticios, o una mayor exposición al contagio.

En este punto es importante hablar de la Declaración de Londres. En enero de 2012 se firma un acuerdo entre ONGD, corporaciones farmacéuticas, Institutos de investigación, gobiernos de países ricos y de países en vías de desarrollo económico, para luchar contra las llamadas enfermedades tropicales desatendidas. Desde entonces y hasta la fecha, más de 150 organizaciones no lucrativas y activas en la lucha contra las ETDs, entre ellas Fontilles, se han adherido a esta Declaración y lo más importante, hemos contribuido a lograr en estos cinco años, importantes avances en la lucha contra estas enfermedades.

El consorcio, que surge en el año 2012 con la firma de la Declaración de Londres, centra su actividad en eliminar o erradicar 10 NTDs, entre ellas la lepra, antes del año 2020, en el marco de las previsiones de la Organización Mundial de la Salud y de la Agenda de Desarrollo de las Naciones Unidas.

Cuatro factores han influido poderosamente en el éxito de esta iniciativa: en primer lugar el compromiso firme de una coalición de ámbito global que ha permitido por ejemplo incluir la lucha contra las ETDs entre las metas del Objetivo de desarrollo Sostenible nº 3 (Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades). En segundo lugar, el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la recolección de datos a través del mapeo y la geolocalización de casos, lo cual, está permitiendo actuar y atender con mayor rapidez y eficacia a la población en riesgo y a las comunidades más marginadas. Este hecho, unido al desarrollo de nuevas herramientas de diagnóstico de fácil manejo sobre el terreno y de bajo coste, está permitiendo un mayor acceso rápido a tratamiento seguro y efectivo. En tercer lugar la colaboración de las compañías farmacéuticas, alentadas por la presión y las reivindicaciones de la sociedad civil a través de las ONGD y las redes sociales, y que han contribuido a la producción y distribución masiva de tratamientos para estas enfermedades. Con los últimos datos disponibles, solo en 2016 las compañías farmacéuticas donaron una cantidad cercana a los 2.400 millones de dosis, suficientes para 1.500 millones de tratamientos para prevenir y tratar ETDs. Por último, el compromiso cada vez mayor de los gobiernos de los países endémicos, para fortalecer los sistemas de salud en la lucha contra estas enfermedades, ha sido otro de los hitos que ha permitido alcanzar las metas previstas, sobre todo en cuestiones como la distribución de tratamientos, el diagnóstico precoz o la recolección e información de casos nuevos.

La lucha contra las ETDs no puede convertirse en un fin sino en un medio para luchar contra la pobreza y permitir el desarrollo del derecho a la salud entre las comunidades afectadas.

Sin embargo, no todo han son éxitos en la lucha contra las ETDs en el marco de esta coalición, y es importante también destacar cuales son los puntos débiles. En primer lugar, nos seguimos encontrando con enfermedades politizadas, como es el caso de la lepra, y gobiernos que maquillan las cifras reales por una cuestión de imagen y que dificultan que todos los casos diagnosticados reciban tratamiento a tiempo.

En segundo lugar, las nuevas tecnologías no solo permiten una focalización rápida de la enfermedad sino también de la pobreza y de la falta de acceso a recursos sanitarios que acompañan estas enfermedades. En este sentido, una localización rápida de los casos y su correspondiente tratamiento deben ir acompañados de una serie de medidas a medio y largo plazo que generen salud y desarrollo. En este sentido, la lucha contra las ETDs no puede convertirse en un fin sino en un medio para luchar contra la pobreza y permitir el efectivo desarrollo del derecho a la salud entre las comunidades afectadas. A partir de aquí, cualquier intervención relacionada con las ETDs ya sea por parte de los sistemas de salud locales como de la ayuda internacional, debe ir acompañada de medidas que influyan sobre los determinantes de la salud, tales como el acceso al agua potable, la mejora en las condiciones de habitabilidad, la seguridad alimentaria, un saneamiento en condiciones, o el fortalecimiento de los sistemas de salud.

Hay tres estrategias claras impulsadas por Fontilles en los últimos años que complementan y refuerzan la acción directa contra las enfermedades olvidadas: el impulso de campañas de información y sensibilización dirigidas a la mejora de hábitos alimenticios y de higiene principalmente en las escuelas; la formación de redes de promotores de salud y activistas para la atención comunitaria en aquellos lugares principalmente donde los sistemas de salud locales no tienen presencia; y por último, la estrecha colaboración con otras ONGD en redes de mayor alcance o impacto que nos permite ser más efectivos en la lucha contra las enfermedades olvidadas y en definitiva en la lucha contra la pobreza.

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